A los setenta y siete años de edad, con una enfermedad terminal, el reverendo John Ames escribe una larga carta a su hijo de siete años. En medio de referencias y citas bíblicas, el clérigo va reflexionando sobre temas fundamentales como la predestinación, el más allá o la honradez. También se entremezclan los recuerdos familiares de su abuelo y su padre. Al final del libro, éste adquiere un cierto carácter novelesco al narrarle un vecino suyo, un tanto descarriado, su historia de amor con una mujer negra, con lo cual se expone el racismo de la época.
Se trata de una lectura un tanto compleja, muy lenta, repleta de misticismo y que precisa de muchas ganas de profundizar y de lectura reposada.









