Archivo de la categoría: Literatura rusa

LA MUJER QUE SABE GUARDAR SECRETOS, Elena Vavilova (RocaEditorial)

9788418557415Novela o, mejor dicho, biografía novelada en la cual un matrimonio de espías rusos, poco importa el nombre porque lo cambian según el país se van infiltrando por los países occidentales para desvelar secretos de estado a la URSS. Ambos son leales, ambos son inteligentes, cumplen órdenes con prontitud y diligencia. Se cambian de residencia cuando se lo piden: Vancouver, Bruselas o Washintong, aprenden idiomas, estudian y dan su vida por su patria, eso sí en época de la Perestroika cuando Rusia no pasa por su mejor momento económico. Es interesante ver cómo se realiza la infiltración y el espionaje bien hecho. Más si cabe en estos días cuando las noticias nacionales hablan de un espionaje chapucero y de la guerra en Ucrania, a la cual se hace un guiño premonitorio aquí.  Sin embargo, me he quedado con ganas de saber más, el libro es ágil pero muy soviético y escueto en la forma de narrar: los hechos y punto.

DIARIO DE UN JOVEN MÉDICO, Mijaíl Bulgákov (Alianza) 

9788491817154-diario-de-un-joven-medicoComo indica el título tenemos aquí varios episodios en la vida de un médico. Tras acabar brillantemente la carrera de medicina el doctor Bomgard es destinado a Gorelovo, pueblo perdido en la estepa. Corre el año 1918 y las condiciones no son todo lo higiénicas que deberían. Al joven médico le agobian las campesinas y todas las enfermedades que ve en el día a día porque lo sabe todo en teoría, pero nada en la práctica. Poco a poco se va haciendo con los pacientes, ayudado por dos eficaces comadronas y un enfermero. Hay tiempo para curar, para ver a pacientes morir y a otros que no se toman el tratamiento tal como se debiera. Pero este destino no siempre es tan agradable como lo pinta el narrador si no que su sucesor, el doctor Poliakov, sucumbe a las drogas en tal soledad. Lectura curiosa que nos hace agradecer cuánto ha avanzado la ciencia últimamente. aquí va la serie en la que se basó el libro:

TIENES QUE MIRAR, Anna Starobinets (Impedimenta)

thJ. , mi librero de confianza,  me lo recomendó sin dudar…pero yo dudé bastante porque este libro me fue anunciado como «esto es la narración de un aborto». personalmente, el aborto me parece una barbaridad incomprensible y, por lo tanto, mi respuesta fue: ufff. Pero ahí estaba, en la biblioteca. Poco más hay que añadir al tema de este testimonio de una autora de libros de terror, metida, muy a su pesar, en una pesadilla. Vive en Moscú y espera su segundo hijo cuando en una ecografía le anuncian con escaso tacto que el niño no va sobrevivir por una malformación congénita incompatible con la vida. Y ahí la angustia, la incomprensión de los sanitarios, la burocracia soviética, el desgarro, la esperanza vana, el apoyo de su marido y de su familia… Es una lectura realista, dura, con el número exacto de palabras, con una distancia emocional justa. Breve, dura e intensa lectura que hace pensar, y mucho, sobre este tema que no es banal en absoluto.

ZULEIJÁ ABRE LOS OJOS, Guzel Yájina (Acantilado)

En la tradición novelística rusa: personajes intensos, sentimientos desgarrados, escenarios hostiles y más de 500 intensas páginas. El primer capítulo ya marca el estilo: Zuleijá es una joven tártara, casada con Murtazá, un hombre mucho mayor que ella. Viven en una granja donde todo es complicado: hay que hacer las labores, acarrear leña y, por si fuera poco, atender a la Vampira, la perversa suegra de nuestra protagonista a la que ese mote le es muy acorde. Zuleijá trabaja, es insultada, violada y está agotada, pero resiste porque ella es así y tampoco le parece tan mal la vida que lleva en los años 30. Los acontecimientos se precipitan cuando son enviados al gulag, a Siberia. Allí los deportados, cada uno peculiar en su desgracia, aúnan fuerzas para sobrevivir utilizando sus conocimientos de la vida anterior y hasta el comandante del campo, Ignatov, se convierte en un personaje lleno de fuerza y carisma. A pesar de lo durísimo de lo aquí narrado, en ningún momento aparece la desesperanza, los acontecimientos se toman como lo que vienen para hacer cotidiana y habitable la vida de los prisioneros en Siberia. Novelón

LOS VIEJOS CREYENTES, Vasili Peskov (Impedimenta)

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A finales de los setenta, en un remoto paisaje de Siberia, un grupo de geólogos descubre a una familia que ha vivido aislada durante varias generaciones, desde Pedro el Grande. Los Lyskov son seis: el patriarca, Karl Ósipovich, la madre y cuatro hijos. Vivían en condiciones muy precarias y dedicaban sus días a la supervivencia con lo que encontraban en la taiga. Verano tras verano, el periodista Peskov, se acerca a ellos, los fotografía y va trazando poco a poco su estilo de vida. Tras un invierno muy duro solo quedan el padre y la más joven de las hijas, Agafia, que es la que más se va a acercar al «mundo» en vez de repetir sin cesar «no nos está permitido». Testimonio peculiar que recuerda más bien a una acampada de supervivencia donde lo moderno no está permitido. El periodista no juzga, y se dedica a describir muy pormenorizadamente todos los detalles de la vida de los Lykov. Pocas ganas le quedan a uno de visitar la hostil taiga siberiana.

DOSTOIEVSKY EN LA TORMENTA

En julio quedar un 25 de septiembre, a principios de un otoño que se anunciaba suave, parecía una buena idea..sin contar con el temporal Odette que la meteorología imprevisible y la onomástica un poco más previsible nos puso en el camino. Así que inasequibles al desaliento fuimos al catamarán /txoko entre vientos huracanados y pasarelas resbaladizas. Al llegar… no había electricidad, nada que aguerridos cocineros aficionados no pudieran resolver con hornillos de gas. El menú: ensaladilla rusa, solomillo strogonoff y rusos para homenajear la intensidad de Dostoievski alumbrados con las linternas de los teléfonos móviles. Quince comensales, en la penumbra y alrededor de una mesa un tanto inestable, comentando los rasgos de los ludópatas y los personajes mezquinos de la novela. Velada movidita pero inolvidable.

LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER, Svetlana Alexiévich ( Debate)

UnknownLa premio Nobel de literatura 2015 realiza su obra a través de testimonios. Esta vez ordena las voces de mujeres que participaron el la segunda guerra mundial . Alentadas por los discursos patrióticos y convencidas de que había que salvar a su  gran país de las garras del nazismo, muchas adolescentes se fueron al frente enardecidas. Algunas eran enfermeras, otras lavanderas o cocineras, pero muchas también artilleras, comandantes, conductoras, partisanas y francotiradoras. Aquí hablan de cómo se alistaron, de las batallas, de cómo les trataban los soldados, del hambre, del frío, de las heridas y de la vuelta a casa. Esta, lejos de ser idílica, las convirtió en apestadas porque habían abandonado a sus hijos y las condenó al silencio porque en la época del estalinismo era mejor estar callada. Interesante documento, muy duro de leer debido al tema que se trata. Lo triste es comprobar que las guerras siguen existiendo y que estos libros no hacen que el ser humano aprenda de sus errores.

EL NACIMIENTO, Alexéi Varlámov (Acantilado)

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En un poco más de 150 páginas encontramos una descripción detallada y minuciosa de los sentimientos de un matrimonio que no pasa por su mejor momento. Primero, por un embarazo inesperado por lo tardío y, segundo, por el nacimiento de un niño prematuro. Ni él, ni ella tienen nombre, están alejados el uno del otro, no se comunican. Gran novela psicológica en la que la rutina, el frío ruso y los hospitales soviéticos son los protagonnistas así como la  incomunicación de la pareja y los sentimientos encontrados ante una maternidad y una paternidad imprevista. También aporta la visión trascendente de la vida. Estamos lejos de la novela superficial y de superación que vende tan bien y se lee tan rápido. Esta exige por parte del lector cierta calma y dejarse llevar por una prosa profunda envuelta de tristeza, melancolía y contradicción que entronca con la literatura rusa clásica.

RETIRO, Serguéi Dovlátov (Fulgencio Pimentel)

retiroPeculiar novela rusa en la que el narrador se dedica, en un momento crítico de su vida a ejercer de guía turístico en una especie de parque temático dedicado a Pushkin. A través de situaciones un tanto chuscas y casi siempre regadas con alcohol y borracheras va describiendo a situación de Rusia y sus reflexiones sobre la literatura del país. Las anécdotas y digresiones pretenden ser cómicas pero dicho humor puede ser desternillante si se entiende o un tanto ilegible si no se comparte el sentido del humor eslavo (confieso que ese es mi caso). Los abundantes diálogos  y al rapidez de la acción hacen de este libro una lectura ágil que gana mucho con el epílogo y las explicaciones al final del volumen de cada referente cultural.

 

EL ABUELO, Aleksandr Chudakov (Automática editorial)

9788415509356Historia de la URSS desde la Revolución a al Perestroika narrada en capítulos por Antón, el nieto historiador del que da título a la novela. La familia del narrador (a veces en primera y a veces en tercera persona) ha sido aristócrata en Lituania.  Se ven obligados a emigrar a Kazajistán, a un lugar llamado Chebachinsk y allí sobreviven poniendo toda su inteligencia y laboriosidad para salir al paso de todas las inclemencias climatológicas y políticas. Cada capítulo, que se puede leer separadamente, narra un aspecto de la vida: la educación, el deporte, la naturaleza, los animales, la vida amorosa, el folklore, los zapateros, etc… También se debe mencionar la gran categoría intelectual de todos los deportados que allí vivían , lo que sirvió a más de uno para enriquecerse (cuenta el caso de un ingeniero de calefacciones reconvertido en estufista con gran éxito). Me recuerda a Amos Oz en Una historia de amor y oscuridad, cuando cuenta que en su barrio sobraban los intelectuales, pero carecían de fontaneros y electricistas. Aquí, sin embargo aplican la teoría a la práctica. Lectura de novela rusa, con más de quinientas páginas, bien contada, con mucho frío, algo de atormentamiento ruso, socialismo soviético y la ventaja de que cada capítulo se puede leer separadamente y así no tener que hacernos un esquema con nombres impronunciables.